sábado, 13 de septiembre de 2014
viernes, 30 de mayo de 2014
Hacen falta muchos como tú!!!
http://futbol.mundiario.com/media/futbol/images/2014/05/29/2014052920031644874.jpg
Nunca seré del Atleti. Una persona honesta tiene que ser
fiel siempre a su bandera en el amplio sentido del término, con la única
excepción de que sea la bandera la que cambie de colores, la que traicione a
sus huestes. Es más, morir sin cambiar de bandera en todos los aspectos de la
vida, sería el epitafio perfecto para cualquiera al que las palabras honor,
esfuerzo, lealtad y sacrificio signifiquen, más que altos valores, un credo
vital.
De morir sin cambiar de bandera sabe mucho el Atlético de
Madrid, que más que un club es una afición. Una estirpe inasequible al
desaliento que siempre es fiel a su escudo ante cualquiera de los escollos que
se interpongan en su camino. Y no han sido pocos hasta ahora.
Con el viento y la marea en contra, en forma de presupuestos
millonarios y la venta de su mejor jugador cada año, pero gracias al firme
pilotar de uno de sus más grandes ídolos, Diego Pablo Simeone, la afición
rojiblanca hace tiempo que se tiró al mar a empujar de la nave con una mano y
dar brazadas con la otra, consiguiendo tres títulos in crescendo en
importancia: la Europa League 2011-2012 (otrora Copa de la UEFA); la Copa del
Rey 2012-2013, arrebatada a su gran rival en su campo, símbolo absoluto del
poderío madridista; y la Liga 2013-2014, conquistada ante la mirada atónita de
las grandes estrellas, largos de millones, cortos de bemoles.
Son las grandes encrucijadas las que nos ponen en nuestro
sitio, las que demuestran de que pasta está hecho cada cual y cuando esas
palabras, que muchas veces se lleva el viento, deben cobrar sentido. No puedo
hablar por los demás, pero paseando por Lisboa tras el partido sentí más que
nunca el significado del himno del Real Madrid y la obligación de ser un noble
y bélico adalid, un caballero del honor para quitarme el sombrero ante el
ejército desarmado rojiblanco. La imagen de los colchoneros en la derrota me
recordó a esas palabras atribuidas a un general alemán sobre los voluntarios
españoles: Si en el frente os encontráis a un soldado mal afeitado, sucio, con
las botas rotas y el uniforme desabrochado, cuadráos ante él, es un héroe, es
un español.
La historia del Atleti es especialmente dura, forjada a base
de luces y sombras de especial intensidad. De dobletes y años en el infierno o
de Copas de Europa perdidas en el último instante y de inesperados títulos
europeos cambiando de entrenador a mitad de la temporada. Pero su arma es su
fe, la unánime creencia de que aunque la tormenta dure una década, cuando al
final salga el sol por el Manzanares, brillará con toda su fuerza. Y así se
retira el Atleti, con las picas en guardia y caminando hacia atrás, sin dar la
espalda jamás, hasta que la historia vuelva a plantarles en la gran final
europea. De corazón espero que no pasen 40 años y poder ver al Atlético de
Madrid reinar en Europa, aunque el precio a pagar sea escuchar la letanía de
tantos amigos colchoneros, tan buenos y fieles en su amistad, como intensos en
el ardor con el que defienden sus colores. Dios les de cien años de guerra, y
en este caso, una batalla más.
Nunca seré del Atleti. Una persona honesta tiene que ser
fiel siempre a su bandera en el amplio sentido del término, con la única
excepción de que sea la bandera la que cambie de colores, la que traicione a
sus huestes. Es más, morir sin cambiar de bandera en todos los aspectos de la
vida, sería el epitafio perfecto para cualquiera al que las palabras honor,
esfuerzo, lealtad y sacrificio signifiquen, más que altos valores, un credo
vital.
De morir sin cambiar de bandera sabe mucho el Atlético de
Madrid, que más que un club es una afición. Una estirpe inasequible al
desaliento que siempre es fiel a su escudo ante cualquiera de los escollos que
se interpongan en su camino. Y no han sido pocos hasta ahora.
Con el viento y la marea en contra, en forma de presupuestos
millonarios y la venta de su mejor jugador cada año, pero gracias al firme
pilotar de uno de sus más grandes ídolos, Diego Pablo Simeone, la afición
rojiblanca hace tiempo que se tiró al mar a empujar de la nave con una mano y
dar brazadas con la otra, consiguiendo tres títulos in crescendo en
importancia: la Europa League 2011-2012 (otrora Copa de la UEFA); la Copa del
Rey 2012-2013, arrebatada a su gran rival en su campo, símbolo absoluto del
poderío madridista; y la Liga 2013-2014, conquistada ante la mirada atónita de
las grandes estrellas, largos de millones, cortos de bemoles.
Son las grandes encrucijadas las que nos ponen en nuestro
sitio, las que demuestran de que pasta está hecho cada cual y cuando esas
palabras, que muchas veces se lleva el viento, deben cobrar sentido. No puedo
hablar por los demás, pero paseando por Lisboa tras el partido sentí más que
nunca el significado del himno del Real Madrid y la obligación de ser un noble
y bélico adalid, un caballero del honor para quitarme el sombrero ante el
ejército desarmado rojiblanco. La imagen de los colchoneros en la derrota me
recordó a esas palabras atribuidas a un general alemán sobre los voluntarios
españoles:Si en el frente os encontráis a un soldado mal afeitado, sucio, con
las botas rotas y el uniforme desabrochado, cuadráos ante él, es un héroe, es
un español.
La historia del Atleti es especialmente dura, forjada a base
de luces y sombras de especial intensidad. De dobletes y años en el infierno o
de Copas de Europa perdidas en el último instante y de inesperados títulos
europeos cambiando de entrenador a mitad de la temporada. Pero su arma es su
fe, la unánime creencia de que aunque la tormenta dure una década, cuando al
final salga el sol por el Manzanares, brillará con toda su fuerza. Y así se
retira el Atleti, con las picas en guardia y caminando hacia atrás, sin dar la
espalda jamás, hasta que la historia vuelva a plantarles en la gran final
europea. De corazón espero que no pasen 40 años y poder ver al Atlético de
Madrid reinar en Europa, aunque el precio a pagar sea escuchar la letanía de
tantos amigos colchoneros, tan buenos y fieles en su amistad, como intensos en
el ardor con el que defienden sus colores. Dios les de cien años de guerra, y
en este caso, una batalla más.
Yo nunca seré del Atleti, pero siempre tendrá todos mis
respetos. Me gustará canturrear de vez en cuando, cuando nadie me oiga, su
pegadizo himno porque sé que cuando llegue a la parte que dice: Jugando,
ganando, peleas como el mejor no estaré diciendo ninguna mentira. También
perdiendo es así, lo han demostrado.
Quedan escritas estas palabras de mi pluma, la de un socio
del Madrid que nunca verá en el Atleti un enemigo, sino un rival. Un hermano
rebelde a quien se quiere en el fondo, aunque muchas veces no quede sino
batirse con él sin piedad.
Dedico por último estos versos de Calderón de la Barca,
tocayo de feudo, en honor del ejército. No es a causa de las armas, pero si por
su desempeño en defender sus colores, por lo que no queda otra que referirse al
colchonero como a los tercios españoles: los hombres honrrados.
"El Barça es más que un club", lema que manifiesta de forma evidente como el fútbol es instrumento de manipulación, en este caso, de los independentistas catalanes. Un enorme número de seguidores en todo el mundo les hacen "el caldo gordo". Estos independentistas manipuladores, se aprovechan del incauto "ganador por representación" al utilizar el equipo de fútbol, del que son seguidores, como estandarte de sus reivindicaciones.
jueves, 29 de mayo de 2014
Las únicas incidencias de la segunda parte de la final de la Champion fueron los cambios de jugadores....es inconcebible que el árbitro añadiera cinco minutos!!!!! Según la UEFA el árbitro es el que controla oficialmente el tiempo y puede alargar los períodos si hay situaciones en las que se pierde tiempo como las que causan las sustituciones, la asistencia médica a lesionados u otras paradas. Este tiempo añadido queda a criterio exclusivo del árbitro. Hacia el final del partido, el árbitro le señala con la mano al cuarto árbitro (si lo hay) cuántos minutos va a añadir, y éste informa a los jugadores y espectadores mostrando en alto un tablero con el tiempo. Este tiempo previamente señalado puede volver a ser ampliado por el árbitro si lo considera oportuno.....Criterio arbitral: favorecer al grande.
miércoles, 28 de mayo de 2014
¿Por qué es vulgar, mediocre y común ser seguidor del Madrid? Ser madridista es una manera de compensar los fracasos y derrotas de la vida diaria, como saben los psicólogos. Siendo seguidor del Madrid o del Barcelona aseguras victorias frecuentes, victorias en forma representativa, ya que el individuo que lo hace no compite. Por esta razón el madridismo es ámbito de acogida de chulería y prepotencia, síntomas de una inferioridad mal asumida, es decir de complejo de inferioridad. Animo a la gente a que adopte en su vida el espíritu atlético: partiendo del conocimiento de nuestra realidad, luchar y combatir sin miedo a la derrota y levantarse una y otra vez para vencer alguna vez, como David venció a Goliat....la victoria la encontramos en el combate diario!!!!
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